Un cuaderno de bitácora para navegar por la historia del arte. Cada entrada está relacionada con algunos de los estadios de la creación artística a lo largo de la Historia. Desde la Prehistoria hasta la más rabiosa actualidad. Todo un curso al ritmo pausado del calendario. Para aquellos que consideran que el arte existe porque la vida no es suficiente.

11/29/2017

EL ARTE GÓTICO Y LAS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS QUE ENMARCAN SU NACIMIENTO Y DESARROLLO

 

EL ARTE GÓTICO
CONDICIONANTES HISTÓRICOS

En torno al término “Gótico”
 

      El término gótico fue acuñado para referirse a una arquitectura, y es en el campo de la arquitectura donde se reconocen más fácilmente las características del estilo. Tanto la escultura como la pintura presentan unos límites más imprecisos. Podemos considerar que, al principio, estos ámbitos artísticos estaban aún profundamente relacionados con el entorno arquitectónico, pero que a medida que pasa el tiempo, el centro de gravedad artístico se va desplazando hacia la pintura.
En su época fue conocido como “Opus francigenum” (obra francesa, estilo francés….); recibió en el Renacimiento la denominación de Estilo Moderno, en oposición al antiguo o clásico. G. Vasari lo llamó estilo Gótico por considerar que era una creación bárbara, germánica (goda), con principios anticlásicos. Estilo pintoresco se le llamó en el s. XVIII por su carácter exótico, y Ultramarino, por creerse originario del Mediterráneo oriental. Más tarde prosperó el de Estilo Ojival, en atención al arco apuntado u ojival, característico de su arquitectura; en la actualidad queda definitivamente definido como gótico, pero desprovisto de connotaciones negativas y para referirnos a las expresiones artísticas propias de la Baja Edad Media (s. XIII-XV aproximadaente). Esta terminología es la expresión evidente de que nuestra percepción del arte de otras épocas va cambiando también, no permanece inmutable ni inmune a los problemas y consideraciones estéticas de cada momento.

La cristiandad europea se abre a nuevos horizontes

      En 1204 los caballeros de la cuarta Cruzada conquistaron Constantinopla. Saquearon y destruyeron la rica ciudad oriental y los objetos suntuarios que trajeron en su botón, hablaban de un mundo mucho más refinado que el suyo.
Pero no conocieron oriente sólo a través de las cruzadas, sino también gracias a los contactos comerciales que estas guerras favorecieron. Europa occidental vivía una época en la que los monasterios estaban perdiendo su protagonismo económico en favor de las ciudades, y el cultural en favor de las universidades. La burguesía mercantil, gracias al dinero que obtenía del comercio y de la banca, estaba alcanzando un gran poder económico mientras el sistema feudal, que basaba su riqueza en la posesión de la tierra, empezaba a desintegrarse. El espíritu de la época cambiaba y el arte se benefició al añadir a su clientela eclesiástica, la burguesa.
El arte gótico se extenderá en el entramado general de la espiritualidad que caracteriza la Edad Media, pero de ninguna manera podrá considerarse como una continuación del espíritu románico. Desde el pensamiento filosófico hasta las nuevas condiciones socioeconómicas, se genera una situación que propicia la aparición de un hombre nuevo y, por ello, de un arte nuevo.

Nuevas condiciones socioculturales

      Una nueva estructura social. A partir del s. XIII y tras las Cruzadas, se abren nuevas rutas terrestres y marítimas que favorecen el desarrollo del comercio. La necesidad de satisfacer la demanda de los mercaderes determinará el crecimiento de las actividades artesanales. Las actividades comerciales y artesanales se concentran en las ciudades (Burgos, en la terminología medieval), que crecerán (o aparecerán….) de forma espectacular en esta época, atrayendo el excedente demográfico que se va generando en el campo, al socaire de las mejoras agrarias y tecnológicas que favorecen el crecimiento de la producción de alimentos y de la población. En las ciudades aparecen los gremios, que pronto se convertirán en clientes y mecenas artísticos. La riqueza que provoca este desarrollo económico se materializa en dinero; ya no es la tierra la única y principal fuente de riqueza, ni la aristocracia o el clero los únicos clientes y consumidores potenciales de arte; una nueva clase social, la burguesía, emerge en esta sociedad dinámica y en transformación. Frente al monasterio y a la iglesia rural, típica de la época del románico, la catedral ciudadana se convierte en el nuevo centro de la espiritualidad burguesa. Las catedrales góticas se alzarán majestuosas, desafiantes en su concepción técnica, sobre los tejados de las ciudades de la Baja Edad Media, y los palacios de las clases dirigentes romperán el estricto carácter religioso y militar del románico. Una nueva clase social, la burguesía, y una nueva sensibilidad artística, más sensual y naturalista, contribuyen a desarrollar el nuevo estilo.
 

Evolución del pensamiento teológico y filosófico.
      En el siglo X se traduce a Aristóteles y sus ideas, opuestas al platonismo, se extienden por toda Europa de la mano de Santo Tomás de Aquino y la Escolástica; en ellas la sensación prima sobre la abstracción y con ello se tenderá cada vez más al naturalismo en la plástica (recuperación del principio aristotélico….¿recordáis?). La razón no sólo será un instrumento de conocimiento sino que, además, será una manifestación de la gloria divina. La observación y el cálculo determinan a partir de ahora el conocimiento, y en arte el realista y el ingeniero sustituirán al expresionista y al simbolista románico. Los estudios de física y matemáticas, la observación de la naturaleza, etc. contribuyen a crear la imagen de un universo físico. Se recupera el gusto por la armonía constructiva como perfecta relación entre las partes que conforman el edificio. 

La Reforma Cisterciense.
      El régimen feudal había fortalecido el papel espiritual del clero y, al mismo tiempo, había convertido a la Iglesia en una institución extraordinariamente rica. Los monasterios benedictinos se habían convertido en centro de grandes explotaciones económicas, lo que indudablemente había favorecido el trabajo intelectual de los escriptorium. Pero esta riqueza material también se había trasladado a las costumbres, que se habían relajado desde su primitiva austeridad, y al arte, cada vez más rico y suntuoso. Contra la relajación de la Iglesia, San Bernardo de Claraval emprende una tajante reforma, fundando la Orden monástica del Cister (la Orden Cisterciense). Es el nacimiento de las órdenes mendicantes. Entre varias innovaciones de orden espiritual la nueva constitución de la orden contiene instrucciones muy precisas sobre los nuevos templos, proscribiéndose todo tipo de decoración y limitándose la arquitectura a sus elementos estructurales. Se pretende volver a la primitiva austeridad monacal, sin los excesos ornamentales del último románico, que podían distraer al monje de la verdadera y desnuda espiritualidad. Esto permitirá a los arquitectos despreocuparse del ornato y atender únicamente las cuestiones de orden técnico y constructivo. De este modo, la ingeniería arquitectónica da unos pasos gigantescos en la segunda mitad del siglo XII, hasta alcanzar su madurez en el s. XIII. Esta nueva espiritualidad que asocia a Dios con la luz tendrá su plasmación arquitectónica en la nueva arquitectura.
 

El despertar del Humanismo.
       San Francisco de Asís en el s. XIII nos transmite una nueva dimensión del hombre. Su atención a la naturaleza y a los animales es, en realidad, fruto de la corriente aristotélica ya citada, y a través de ella aparece el hombre como una criatura más en la que la síntesis materia-espíritu se muestra espléndida. En adelante el cuerpo humano no será un miserable soporte del alma, sino una maravillosa obra de Dios que hay que respetar. La Baja Edad Media ha dejado muy atrás los terrores milenaristas que alumbraron el románico, y se abre hacia una era de amor, de amor a Dios y a la Naturaleza, de amor espiritual y de amor cortesano. Una nueva espiritualidad se desprende de esta actitud más benevolente con el ser humano y, por ello, más humana.
En el s. XIV Italia vivía ya un ambiente prehumanista: Dante, amigo de Giotto, gran artista de su tiempo, escribió la Divina Comedia; Simone Martini retrató a Laura, la amada de Petrarca, y Bocaccio reflejó aquel mundo en El Decameron. El franciscano Guillermo de Occam propugnaba un conocimiento de Dios a través del mundo real, lo que favoreció también la búsqueda de lo verosímil en el arte, y la pintura empezó a reflejar conceptos de ética ciudadana. Esta relativa secularización de la vida y la cultura no significará, por otra parte, el final de la iconografía religiosa; ésta se adaptará a los nuevos tiempos enriqueciéndose con historias procedentes de las vidas de los santos recogidas por Santiago de la Vorágine en su Leyenda Dorada, y con temas marianos procedentes de los Evangelios apócrifos.

Cronología y desarrollo del nuevo estilo
     Al iniciarse el período al que nos estamos refiriendo, hacia 1150, sólo una pequeña región, París y sus alrededores, son la expresión geográfica de esta nueva sensibilidad. Es allí, en la Ille-de-France, donde nace el nuevo estilo. Son los dominios del rey de Francia. Un siglo más tarde, la mayor parte de Europa había pasado a ser gótica, desde Sicilia a Islandia, con sólo unas contadas islas románicas acá y acullá, y los cruzados habían introducido el nuevo estilo incluso en el Próximo Oriente. Alrededor de 1450 la extensión del Gótico había comenzado a reducirse (ya no incluía Italia), y hacia 1550 puede decirse que había desaparecido por completo.
El estilo gótico nace en Francia y allí alcanza su madurez. Sin embargo, su aceptación no es coetánea en todos los países: así, mientras en España e Inglaterra lo aceptan fácilmente, en Alemania lo aceptarán algo más tarde, y en Italia, prácticamente, nunca.
Si tomamos Francia como referente (imprescindible dada la importancia e su arquitectura y a la enorme influencia de sus centros culturales en esta época), podemos establecer las siguientes etapas en la evolución del estilo:
 

Primera época ( 2ª mitad del s. XII y el s. XIII). Formación y Plenitud. Época de fe, de amor y de entusiasmo. La fe de los Capetos, con Luís IX, el rey Santo, y la prolongada paz que consigue políticamente favorecen la elevación de templos en tiempos cada vez más breves. La rapidez de la construcción le da a la obra una unidad de estilo rara vez obtenida en la Edad Media.
 

Segunda época (s. XIV y 1ª mitad del s. XV). Crisis y Gótico Internacional. La fe y el entusiasmo que habían hecho elevar catedrales hacia el cielo que honraban a la Virgen, Nuestra Señora (Notre Damme), se van extinguiendo con el final del s. XIII. Otras preocupaciones morales y económicas, así como la Guerra de los Cien Años, cambiaron radicalmente el panorama religioso en buena parte de Europa. Y, por otra parte, el crecimiento de las universidades, en las que la razón sustituía al sentimiento, contribuye a que la piedad no sea producto de la fe sino del estudio.
En 1309 se traslada la sede papal a Avignon. En los años siguientes se produce un notable desarrollo del arte cortesano, altamente refinado y elegante, que coincide con el del la música y el lenguaje de los trovadores. El movimiento es común en toda Europa, y se le conoce con el nombre de Gótico Internacional.
 

Tercera época (2ª mitad del s. XV). Agotamiento y Gótico Flamígero. Al extinguirse la espiritualidad que fundamentaba el estilo, se busca una salida estética. Es el Gótico Flamígero, que sin innovar nada en los aspectos técnicos y estructurales, expresa el gusto por la decoración exuberante, peculiar de una época de riqueza material. Esta efusión ornamental llega, en ocasiones, a prevalecer sobre las propias estructuras, a las que oculta, dando la sensación de un gran vegetal que consume definitivamente el estilo arquitectónico.

La situación de los reinos de la Península Ibérica
     Las relaciones de los reinos hispánicos con Francia fueron muy frecuentes durante la Edad Media. Desde la ininterrumpida corriente del Camino de Santiago a las colonizaciones de la Meseta del Duero organizadas por Raimundo de Borgoña, yerno de Alfonso VI de Castilla, el suelo peninsular se vio permanentemente expuesto a una sutil pero fértil colonización de vocablos, usos e ideas francesas.
En el primer tercio del s. XII, el rey Alfonso VII llama a la Orden del Císter, que organiza su primera fundación en Moreruela (Zamora). Más adelante, al unirse Aragón y Cataluña y extenderse ésta última hacia el sur, hacia Tarragona, los cistercienses fundan los monasterios de Poblet y Santas Creus, después el de Piedra de Zaragoza y muchos más. Con ello se introduce en estos reinos el nuevo concepto arquitectónico, donde la austeridad impedía la decoración pero favorecía el avance hacia lo que será el gótico. Fuera de las grandes construcciones cistercienses influyen en las grandes construcciones, aún románicas, que se están levantando a finales del siglo XII. En cualquier caso, los grandes centros urbanos de Castilla y de la Corona de Aragón verán levantarse, en los siglos siguientes, las grandes catedrales góticas, el nuevo símbolo de la riqueza y el despertar cultural de la Baja Edad Media Europea.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tomás te libraste de mis comentarios en la parte por el todo porque no lo vi pero ¡he vuelto!

La obra es de Bartolomé Murillo y se llama "Adoración de los pastores".


Sara

Luz Melissa dijo...

Es interesante conocer sobre estas etapas del arte, veo como cada contexto nutre de nuevas condiciones para que el arte se geste, las situaciones económicas, políticas y sociales moldean el arte en un contexto determinado y es clara la conexión que existe entre estos elementos,juntos van de la mano haciendo historia.
Observo que uno de los elementos clave en esta etapa, en cuanto la influencia ideológica, es la iglesia, la cual en general, marcó muchas de las tendencias de arte.

Anónimo dijo...

Gracias
Me sirvio para un examen

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